“Advierta usted que digo bailarina no bailaora. Una bailaora es algo, en apariencia, semejante, pero sustancialmente distinto en el fondo. Por caminos de aprendizaje –por la técnica-se puede llegar a ser una buena danzarina, una bailarina cabal. La técnica no hizo jamás una bailaora. No quiere decir esto que el arte de la bailaora no tenga su parte de oficio, esté libre toda regla…Pero es una técnica arbitraria, genial, individualista, si puede decirse así .La bailaora es la cosa espontánea, el arte vivo y maravilloso que nace porque dios quieren que nazca. No hay escuelas para formar bailaoras, como no las hay tampoco para formar poetas y si para hacer retóricos y gramáticas (…) la bailaora surge unas veces por tradición familiar (…) otras veces es porque la chiquilla le gusta el flamenco (…) Le va por la sangre, como una levadura de gitanería, un no se qué que la levanta el vilo cuando oye una guitarra, o suena una copla, o se dibuja en el aire el revolteo de una falda de volantes.(…) me nace de las entrañas esa cosa caliente que nos transfigura y nos mata ,y nos hace cerrar los ojos, e ver no ver, y ahogarse en un suspiro, y revivir en otro, y…”
Antonia Merce “La Argentina”, Confesiones.
